Como los espíritus, escoge para manifestarse momentos que escapan a nuestra comprensión, momentos que en sí carecen de importancia y sólo trascenderán por haber creído ver en ellos la confirmación de algo que no esperábamos entonces pero que presentíamos. Para nada le importamos, somos meros humanos, mortales muy por debajo de ella, y no nos implica en la complicidad: con toda seguridad lo que siento yo no lo sientes tú. Es como si un ojo mágico filmara el instante: me desprendo de mi cuerpo y estoy a un lado grabando para siempre lo que en ese momento siento. Cuando te lo he contado, tú no has dicho nada. Y me has mirado con una cierta suspicacia, hasta con recelo, y todas mis artes de quiromancia evolutiva se han vuelto nada para adivinar lo que pensabas, o si acaso pensabas. Pero Cecilia Bartoli lucía tan cercanamente espléndida en el vídeo que habías traído, que tal parecía que cantaba para nosotros, apretadinhos, entre las sábanas azules y el cansancio del jetlag, después de meses de distancia que parecieron una eternidad.